Detrás de cada máscara hay una historia

“SER O NO SER… ESA ES LA CUESTION”, decía Hamlet a la calavera, que no sólo no le contestaba sino que, además, dejaba al pobre en un estado de postración anímica irremontable.

Si Shakespeare hubiese tenido Internet no habría escrito Hamlet. O sí, pero con algunas variantes. En una versión moderna y digital, el príncipe de Dinamarca teclearía sus devaneos existenciales en algún chat de filosofía donde seguramente se pondría a escribir algo así como “Ser y no ser, la cuestión es descubrir quién está detrás de las máscaras”.

Chatear por Internet, dicen los que estudian estos temas, sirve para escapar por un rato de las vidas aburridas, de los problemas cotidianos. Abrumados de realidad y de soledad, los usuarios se disfrazan de anonimato y, detrás de las máscaras, multiplican personalidades al tiempo que disparan proyecciones y sentimientos hacia personas absolutamente desconocidas.

Como en los bailes de disfraces, como en una interminable Noche de San Juan, con Internet una persona puede jugar a ser otra, o varias. Puede decir y hacer sin restricciones de conducta y sin cuidar el lenguaje, construir con palabras un paréntesis en la rutina diaria y transformar ese espacio – como dice Sebastián, un acérrimo internauta de 32 años- en “un buen momento en el que vale todo”.

Cierto que, a veces, el “vale todo” de uno conspira contra el buen momento del otro, como le sucedió a Sebastián el día que eligió el nickname “María” para sumergirse en la Red. “Sabía que si entraba como hombre no me iban a dar bola”, cuenta, en tren de explicar que su travestismo informático tuvo que ver con una investigación para su trabajo sobre el uso de las webcams y no con otra cosa. “Me encontré con un chico caretita y lo encaré contándole que me había dejado mi novio. Se mandaba la parte y yo me divertía muchísimo”, se ríe mientras recuerda que “me propuso encontrarnos y me dijo que iba a traerse dos libros, para cuando me quedara dormida. Lo provoqué tanto -incluso le dije que era maricón-, que terminó parándose frente a la webcam y bajándose los pantalones”.

Para Sebastián, el juego de ser María fue cosa de una noche porque “los hombres son bastante vulgares y previsibles, me aburren”. En cambio, con las mujeres puede jugar a su juego preferido: componer el personaje de ‘Tián’, “que es una personalidad mía, no la invento”. ‘Tián’, que cuando se separa de su otro yo -el Sebastián que tiene novia y no busca otra- se convierte en “un romántico, un poeta que gusta de jugar con las palabras para lograr que la otra se emocione”.

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